
"tuvimos un sirenito
justo al año de casados
con su cara de angelito
y su cola de pescado"
***
En la alberca chapoteaba Ernesto escuchando la popular canción, Clara andaba junto a Rocío en la playa, le prometió traerle un coco con chile, aún no volvía y ya tenía hambre. Antonio le hacía gestos desde la barra del bar para que se acercara.
- Véngase Ernesto, ya deje de chapotear. Mira, mira qué charalitos más deliciosos. ¿Quieres tomar algo?
- Bueno, una Pacífico está bien.
- Y ¿qué le pasa a mi Ernesto? Qué le pasa.
Le costaba aguantar la mirada a Antonio y a su aliento alcohólico.
- A mí, poca cosa y ¿a ti? ¿Ya andas así si apenas son las dos?
- Bueno, pero si la chela es maravillosa, te soluciona la vida por momentos y a mí me entretiene que es una barbaridad.
- No creo que solucione tus problemas.
- ¡Qué problemas! Yo soy feliz.
- ¿Y Rocío?
- Ya se acostumbró brother, ya sabe que no puede pedir más y se conforma con lo que tiene, yo también me conformé hace tiempo con ella, yo prefería a Maribel Guardia, con sus cosotas y todo eso - y estalló en estruendosas carcajadas.
- Pues yo sí le pido más a la vida.
- ¿A parte de Clara o contándola a ella?
- O descontándola - respondió Ernesto y Antonio volvió a reír convirtiéndose en el centro de atención de todas las miradas.
*
Caminaban por la calle Constitución desde la plaza Machado en busca de los suspiros de Doña Pompa, en realidad ella les llamaba merengues, pero para Ernesto siempre fueron suspiros... Clara se detuvo en un letrero; "Mira Ernesto, por aquí pasaron Kerouac y compañía y más allá está el hotel Melville, ¿qué calle más literaria verdad?"
- Pues sí, todo un lujo.
Compraron los merengues, Ernesto suspiró ampliamente, caminaron cogidos de la mano hasta el camión, Clara entrevió una sonrisa en los labios de Ernesto. Se sorprendió sobre manera porque ayer en los Tacos Alejandro casi echa a llorar de puro coraje cuando Ernesto le soltó aquello de: "ya no me siento tan cómodo como antes." "A lo peor y no es tan pasajero esto que me pasa." "A veces siento que no le encuentro sentido a todo esto."
Clara intentó entonces encontrar explicaciones, profundizar en los sentimientos de él, pero halló solamente una larga, fría y blanca pared; mientras Ernesto acabó tranquilamente con su chorreada mixta, a Clara se le indigestó.
Después en el hotel hicieron el amor, cuando todo terminó Ernesto durmió; Clara salió a la terraza y ahora sí, lloró. Y el rojo inflamado del horizonte le inundó el alma.
*
Ya se terminaron las vacaciones, en la recepción del hotel esperaban sentados a que llegara el taxi.
- No sé cómo Rocío soporta a su marido.
- Pues lo que pasa, Ernesto, es que Rocío ya solo contempla el lado económico, ya solo está a su lado porque ayuda a pagar las facturas.
- ¿Y ella es feliz?
- Pues a su manera sí, todo lo que no sea relación de pareja le va fenomenal, incluso ha vuelto a escribir sus cuentos.
- ¿Entonces aguantará a Antonio hasta que pueda emanciparse?
- Algo así, o hasta que los niños se vayan de casa...
- pues que pena. ¡tú te imaginas que terminamos así?
- No Ernesto, no puedo imaginármelo, porque el solo hecho de pensarlo ya quiere decir que se pueda realizar, para mí.
...
- Y tú Ernesto, ¿te lo imaginas?
- ¿Los señores Ojeda?
- Sí - respondieron ambos.
- Su taxi ya llegó.
Imagen: Eduardo Galván
Música: Comptine d'été n° 2 - Yann Tiersen